The Witcher 3: Wild Hunt (2015)

The Witcher 3: Wild Hunt (2015)

Nació como extensión de una exitosa serie de novelas del polaco Andrzej Sapkowski, pero a partir de ahí “The Witcher” en los videojuegos, y sus creadores, los también polacos CD Projekt, no han hecho más que crecer hasta convertirse en una saga y estudio de renombre mundial. Con esta tercera entrega les han llovido los elogios, y no pocos lo consideran el juego del año 2015. Pero después de echarle un buen número de horas durante 6 meses que se me han hecho interminables, tengo serias dudas de que sea un título de esa talla.

Lo primero que salta a la vista, al menos en su versión PS4, es que estamos ante un juego con una calidad gráfica irregular, pudiendo combinar, vistas de paisajes espectaculares y modelados 3D exquisitos en los protagonistas, con auténticos esperpentos nada trabajados en los objetos y personajes secundarios que rompen completamente la magia del juego. A esto se une un control completamente “pecero”, y con esto me refiero a que estamos ante un heredero directo de los primeros juegos 3D en tercera persona que poblaron los PC de la segunda mitad de los noventa, en los que poco se tenía en cuenta la inercia del personaje y en los que la cámara lo seguía de forma poco fluida. Aunque he de reconocer que este aspecto negativo es demasiado personal y a las pocas horas ya no le echaba cuentas a ello. También, aun en las primeras horas, me encontré con varios bugs impropios de un juego pulido, ya que se trataba de la edición juego del año, sin mencionar los cortes entre escenas de juego y cinemáticas que los vería normales en un juego de bajo presupuesto y no en un triple A de esta envergadura.

Pese a estas sensaciones, ante mí tenía un inmenso mundo por explorar, repleto de localizaciones y posibilidades, además con mucha variedad y olvidándose del simple corta y pega del que han hecho gala otros juegos del mismo estilo en los últimos años. Casi cada rincón del juego tiene su propia personalidad, todo está muy currado, por eso la sensación era de estar ante un “GTA” o sobre todo un “Red Dead Redemption” (lo digo por el caballo) en un mundo de fantasía medieval.

Un juego inmenso, sí, pero lleno de elementos accesorios que solo existen para dar una innecesaria complejidad al título, porque, la verdad, tampoco ayudan a la ambientación. Empezando por la apabullante cantidad de opciones que suelta el juego de primeras como la alquimia, las magias, la fabricación de armamento... entrar en los menús (que por cierto van a pedales y más aun cuando avanza el juego) es perderse por un mar de opciones que en realidad no sirven para nada, solo para hacer bulto, son innecesarias para avanzar. Personalmente, apenas las he utilizado.

Esa sensación de que la complejidad existe solo para aparentar termina llegando a los aspectos más elementales, que resulta que también son accesorios. Los objetos que recogemos, negociar las recompensas, la inmensa mayoría de conversaciones, muchas decisiones, pero incluso diría más, ¿para que existe el dinero, o las tiendas, o las subidas de nivel, o el caballo, o la ballesta..? A la hora de la verdad son algo superfluo de lo que se puede prescindir, no aportan absolutamente nada a la jugabilidad, y son hasta una traba. Y más aun, hasta el mundo del juego es un adorno. Puede que visualmente esté muy trabajado, y como he dicho antes, se ha puesto interés en los detalles, pero ¿qué aporta jugablemente? No veo ningún objetivo en ese sentido. Al final es simplemente el escenario donde se desarrolla el juego y en el que un becario ha repartido equidistantes las misiones. Es que ni las mazmorras tienen un mapeado desafiante, por no decir que cuesta encontrar un simple puzzle.

Y llegamos a la cuestión clave, sobran complicaciones y falta que el juego nos obligue a jugar bien, a luchar bien, o a explorar por uno mismo. Ya no es solo que la inteligencia artificial sea más propia de un shooter descerebrado, es que el reto que propone el juego es casi nulo. ¿Por qué los combates son tan rematadamente sencillos y similares? Podemos acabar con la ingente variedad de enemigos de la misma forma, sin cambiar nuestra forma de luchar. Aun peor, simplemente machacando botones. He muerto más veces por liarme con el control y caer de gran altura, que por culpa de un enemigo.

Pero entonces, ¿Dónde están los méritos de “The Witcher 3”? Pues están en lo bien que hila historias (casi mejor llamarlas así que no misiones), las principales y las secundarias. En el plano argumental todo está creado con mimo, hasta lo secundario, hasta los personajes que aportan poco a la trama general. Así, las tramas se entrecruzan y toman distintos caminos, y la narración se nutre del universo del juego de forma natural, y además lo retroalimenta. Destacar ahí su argumento maduro, y no me refiero solo a la temática, no estamos ante un simple juego para escandalizar a los adolescentes. El guión se olvida de los tropos manidos por el cine e intenta desarrollarse originalmente, con matices, con personajes complejos. Solo hay que fijarse en la especial atención a los personajes femeninos, y por supuesto en el prota. A diferencia de “The Elder Scrolls” aquí no eres simplemente el elegido, eres Gerald, un personaje acotado a la hora de rolear y decidir, pero que tiene una personalidad rica y un pasado lleno de acontecimientos. Ahí se nota el fuerte de la saga, su origen literario.

Aunque es cierto, que llegado a un punto y ya como recadero oficioso de los reinos, completando encargos cada vez con mayor facilidad, llegué a tener la sensación de estar simplemente de vacaciones en un mundo de fantasía. El esfuerzo del juego por diversificar misiones es baldío cuando la única novedad que encontramos es su subtrama, porque a la hora de la verdad, a la hora de jugarlas, se basan en repetir una pocas mecánicas una y otra vez: buscar una pista en un terreno acotado, seguir un rastro, enfrentamientos con monstruos o bandidos, llegar a un punto marcado en el mapa o explorar una cueva. Aparte de las interminables y soporíferas conversaciones, con nulo carisma cinematográfico. Quizás por todo esto llegué al final de la trama principal con total desinterés por el argumento.

Bueno, me dejaba sin mencionar Gwint, el juego de carta coleccionables dentro del “The Witcher 3”. Un simple añadido que pasa a ser un grandísimo acierto. Llenará de diversión buena parte de nuestro tiempo en el juego, se convertirá en el único desafío de verdad con el que nos encontraremos. Aunque al llegar a cierto punto, si damos con nuestra baraja ganadora, se volverá también monótono.

Desde mi punto de vista, los grandes juegos de mundo abierto triunfan por proponer un mundo con posibilidades que por si solas ya merezcan la pena, un mundo que estemos deseosos de explorar porque es capaz de sorprendernos constantemente, que esté vivo, en los que la propia libertad sea entretenida, divertida. Este título sin encargos sería aburrido, y con encargos repetitivos termina siéndolo. Solo nos queda saber como avanza la historia y conocer mejor a sus personajes. “The Witcher 3: Wild Hunt” es un juego solo correcto, que pese a tejer de forma original y en ocasiones sorprendente una narración adulta entre contenido principal y secundario, rellena todo lo demás con elementos accesorios, y mecánicas facilonas y repetitivas, por lo que queda lejos de colmar su ambición. Tengo que mencionar aparte, que sus dos expansiones, pese a repetir todos sus errores, los atenúa y mejoran en todo al juego original. Los recomiendo porque merecen mucho la pena.

Desarrollador: CD Projekt Sp. z o.o. Guión: Marcin Blacha, Andrzej Sapkowski Música: Marcin Przybylowicz, Mikolaj Stroinski, Adam Skorupa, Pawel Blaszczak Intérpretes: Doug Cockle, Denise Gough, Jo Wyatt, Jaimi Barbakoff, Katie McGuinness, James Clyde, Christian Contreras, Richard Hawley, John Schwab, Alexander Morton, Sarah Greene, Allen Leech, Michael Maloney, Tom Clarke Hill, Gary Lilburn

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